viernes, 6 de abril de 2007

Otro silencio

Saber las palabras, tenerlas, atropellarlas. Juntarlas poco a poco o en bonche y atragantártelas. Y en ello, la traquea mutilada, las cuerdas vocales callosas, atrofiadas de tanta palabra en riversa. Como resultado, la asfixia por tanta palabra que se resiste y que revierte en el acto cuasi bulímico de decirse nuevamente, rebelde. Y el taco pungiendo, ulcerando lentamente la pared hasta el esófago. Y entonces, la logofagia y luego el reflujo que quema, que se cuela por el hueco abierto entre los ya dichos esfínteres. Líquido de palabras en los pulmones, pulmonía. La mordaza mata por erosión y asfixia lenta.

2 comentarios:

Xavier Valcárcel dijo...

gracias por la visita. me ha gustao este espacio. ya volveré por aquí.

un abrazo desde el tendido.
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Tajalápiz dijo...

Saber las palabras o las palabras que me sé (como dices en Lula que me gustó), algo que te preocupa, a todas luces, muchacha, si es evidente que sabes unas cuantas y bien crudas y asasonadas y cocidas y marinadas y taseadas que las sirves en tus poemas. Parecieras llena de palabras ¡qué buena señal!