Se ama demasiado
y esos amores nos desdefinen
nos deshacen
nos desatomizan
nos detruyen
nos dejan literalmente ausentes
y llenos de una terrible saudade.
Vamos mudando de piel
lentamente como el reptil colocado en la resequedad
del cambio.
Uno ama demasiado
y esos amores
sin darnos cuenta
nos roban
nos comen
nos degluten
pedazo a pedazo
canto a canto
en el acto antropofágico de desaparecernos
masticados
tragados
engullidos.
Restamos
totalmente deformes.
Somos, al final, imágenes irreconocibles,
inaceptables,
silentes
indefinidas
proliferadas.
Demasiado conformes
y saudadosas, cuando desaparecen
esas ficciones que, tal vez, amamos demasiado.
© Jara Ríos
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